miércoles, 31 de octubre de 2012

UN ESTRENO DE SERIE B

EL MUNDO.ES

La noche empezó entre codazos para ver la esperada puesta de largo y terminó entre empellones por encontrar la puerta de salida. A cinco minutos del final, cuando la derrota de Los Angeles Lakers parecía inevitable después de un espectáculo, las gradas del Staples Center comenzaron a vaciarse. Los Dallas Mavericks, un equipo sin sin Dirk Nowitzki, sin Chris Kaman, pero con las ideas muy claras, interrumpieron una fiesta que los más inocentes esperaban que durase hasta junio. Primer partido y primera decepción en Hollywood (91-99). No hubo disfraces. Los Lakers aparentaron ser un equipo al que los contratiempos han impedido ensayar más de una noche con el mismo reparto. Estuvieron demasiado sujetos al guión y no encontraron la manera de frenar al rival. Ejemplo de todo ello fue Pau Gasol. El de Sant Boi ejerció su labor de distribuidor desde la parte alta de la zona, buscó con insistencia a Dwight Howard y respondió con creces en ataque (23 puntos, 13 rebotes y 6 asistencias) pero no escapó de la quema en defensa. Más que nunca, el equipo californiano dio la sensación de necesitar más rodaje.
"Es el resultado de no saber lo que teníamos que hacer", resumió Mike Brown. Palabras difíciles para un entrenador, y más para uno que desde la pobre temporada pasada no ha dejado de ser cuestionado. Sus equipos nunca fueron un dechado de virtudes en ataque, pero al menos ofrecían una muy sólida defensa. Ante los Dallas Mavericks no hubo ni lo uno ni lo otro, y lo que comenzó siendo un equipo con escasa imaginación frente al aro rival terminó sepultado por las lagunas a la hora de proteger el suyo. "Lo que más me ha decepcionado es que no hayamos hecho ofrecido demasiado esfuerzo defensivo", añadió el técnico.
Los Lakers empezaron con un primer cuarto digno, pero conforme avanzó el partido pudo comprobarse que los defectos iban más allá de un inicio espeso. Los Angeles Lakers intentan implementar un nuevo sistema ofensivo (el conocido Ataque Princeton) para dar cabida a las nuevas estrellas, pero hasta el momento ninguna de ellas encuentra acomodo. Especialmente sintomático es el caso de Steve Nash (7 puntos, 4 asistencias), que no sólo parece apocado, sino que además parece que hubiera perdido su principal patrimonio: la imaginación. "Es parte del proceso. Aún no estamos sincronizados y seguramente habrá más partidos como éste", confesó el canadiense.
Esa falta de chispa se unió a una carencia que sí le ha acompañado durante toda su carrera: la defensa. Tanto Darren Collison como Rodrigue Beaubois dinamitaron la resistencia de los Lakers tanto en velocidad como en situaciones de bloqueo y continuación. Normalmente en estas acciones el atacante que supere a Steve Nash se encontrará con el poder intimidatorio de Dwight Howard, pero el pívot –aún recuperándose de una operación de espalda– no ha recuperado todavía su explosividad y va un paso por detrás en estas acciones. Esto, junto a la escasa compensación de Pau Gasol, permitió que tanto bases (28 puntos entre ambos) como pívots (con especial mención al joven Brandan Wright) pusieran en serios aprietos al conjunto dorado y púrpura. Mención aparte mereció el capítulo de los tiros libres, donde Howard y Jordan Hill sumaron para un desastroso 4 de 20.
Pero no todo fueron deméritos del equipo local. El entrenador de los Dallas Mavericks, Rick Carlisle, hizo un gran trabajo para acomodar el juego de su equipo a la ausencia de dos de sus pilares y supo explotar las debilidades de su rival. Unos Lakers rival que, como hacía presagiar la ambición del proyecto, necesitará tiempo para ofrecer su mejor versión. Por una vez, Hollywood deberá ser paciente.
Los Heat imponen desde el primer día
Por una situación similar a la que hoy atraviesan Los Angeles Lakers pasó en su día Miami. Nada que ver con el actual momento del equipo, exuberante y con otro título de campeón bajo el brazo. Como si la ceremonia de entrega de los anillos les hubiera dado impulso, los Heat derrotaron con autoridad (120-107) a unos Boston Celtics que haciendo honor a su tradición no enterraron el hacha de guerra hasta el último suspiro. Ray Allen, con 19 puntos contra su ex equipo, fue el gran protagonista de la noche.
Los partidos entre Boston y Miami se han convertido en una batalla a tumba abierta entre dos de los equipos con más carácter de la liga. La suya es una rivalidad reciente y, como joven, guarda un marcado carácter pasional. Durante buena parte de los 48 minutos –y en especial la primera mitad–, ambos equipos se lanzaron a pecho descubierto contra el aro rival. Intentos y agresivos, olvidaron el control para hacer de su declaración de amor un espectáculo: para los Heat no existe mayor rival que los Celtics y viceversa.
Y en el centro de la tensión, Ray Allen. El escolta, flamante fichaje de Miami, se acercó al banquillo visitante para saludar a los que hasta hace unos meses fueran sus compañeros antes de saltar al campo. Todo transcurrió con normalidad hasta que Kevin Garnett le negó el saludo. La venganza llegó sobre el parqué: en el primer balón que tocó con su nuevo equipo, anotó un triple desde la esquina como tantos sumó para los orgullosos verdes.
Miami siempre llevó la iniciativa e incluso con una renta de 19 puntos al comienzo del último periodo pareció tener la victoria asegurada. Fue antes de que LeBron James tuviera que abandonar el partido con calambres en las piernas y Boston, fiel a su espíritu, redujera distancias a sólo 4 puntos. Fue lo más cerca que estuvieron, pero dejaron clara una cosa: han hecho los deberes en verano y vuelven a tener equipo con el que amedrentar a los campeones.

91 - Los Ángeles Lakers (29+17+20+25): Nash (7), Bryant (22), World Peace (3), Gasol (23), Howard (19) -cinco inicial-, Jamison (5), Meeks (3), Hill (9) y Blake (-).
99 - Dallas Mavericks (25+23+26+25): Collison (17), Mayo (12), Marion (11), Brand (8), Wright (14) -cinco inicial-, Curry (7), Carter (11), Beaubois (11), Crowder (8) y Jones (-).
Árbitros: Foster, Dalen y Zielinski. Expulsaron a Howard por personales.
Incidencias: Partido de temporada regular disputado en el Staples Center, de Los Ángeles, ante 18.977 espectadores. Lleno.

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