domingo, 4 de noviembre de 2012

EL PATINADOR ERRANTE

AMAYA IRÍBAR
EL PAÍS.COM

Decía Carolina Sanz, una de sus primeras entrenadoras, que Javier Fernández (Madrid; 1991) era demasiado inquieto como para estarse mucho tiempo parado en el mismo sitio. Fue hace más de dos años, cuando el patinador había decidido dejar España para instalarse en Nueva Jersey, donde el ruso Morozov ha construido un imperio del patinaje artístico, y se había convertido en el primer español clasificado por derecho propio para unos Juegos Olímpicos. Han pasado dos años y Fernández sigue añadiendo hitos a su historial deportivo. Hace una semana, ganó por primera vez el Skate Canadá, una de las pruebas importantes y relevantes del circuito, imponiéndose al campeón del mundo, Patrick Chan, que danzaba de local. Fernández también ha añadido ciudades a su mapa deportivo particular. Hoy vive y se entrena en Toronto (Canadá) con el mismo objetivo que declaraba en 2010: “Vivir del patinaje”.

“Aquí estoy muchísimo mejor”, dice el patinador en conversación telefónica desde Toronto. “Con Morozov viajaba mucho para hacer competiciones y exhibiciones, y no podía tener una vida normal. Eso ya no lo hago. Tengo giras, pero el ritmo es mucho menor”, dice tras reconocer que con el ruso “no acabaron muy bien las cosas”, sin más detalles. Esa tranquilidad, que disfruta desde hace más de un año, le ha permitido renovar por completo su programa junto a su nuevo entrenador, Brian Orser, al que eligió “por su personalidad” tras conocerle en varias competiciones. El ritmo de entrenamiento es similar –un par de sesiones al día- y el clima –muy frío en estos meses-, también, pero el objetivo es diferente. “Intentamos mejorar la base del patinaje y también hacemos mucho trabajo técnico y de expresión”, cuenta.
Para sus dos ejercicios, el corto y el libre, ha elegido el cine como trama. El Zorro en el primero y Charlie Chaplin en el segundo. “Tener una historia que contar me ayuda a interpretar. Además, como Chaplin es muy conocido, en seguida el público lo reconoce y suele gustar mucho”, explica. Casi tanto como esa cuádruple pirueta que pocos patinadores incluyen en sus programas por arriesgada y que el español ejecuta varias veces en la misma rutina. Trabaja con un coreógrafo profesional, pero le gusta aportar sus ideas cuando montan los ejercicios.
El patinaje le obligó a independizarse muy joven. “En España hay muy buenos entrenadores, pero es muy difícil hacer patinaje de altísimo nivel. Si quieres competir con los mejores del mundo tienes que irte fuera”, dice muy serio. Ahora vive solo en un apartamento que le ayuda a pagar en parte la federación española. “Hacen lo que pueden, pero tal y como está la situación en España… con el dinero que gano en exhibiciones completo mi sueldo”, explica el patinador, que ya no estudia y que apenas viaja un par de veces al año a España para ver a su familia.
Por ahora la ambición que le llevó a dejar España le ha dado frutos. Su clasificación mundial mejora cada año: fue 14º en los Juegos de Vancouver 2010, 10º en el Mundial del año siguiente. El objetivo de este año es el Mundial de London (Canadá) en marzo. Llegará con la autoestima por las nubes. “Acabo de ganar al campeón del mundo. Eso da seguridad”, se despide.

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