viernes, 22 de marzo de 2013

DEL SECUESTRO A LA RAQUETA


JUAN JOSÉ MATEO
El País.com

Para llegar a la raqueta hay que superar un secuestro, la pistola que amenaza o el padre que se juega la vida atrapado bajo los restos de un terremoto. Para llegar a la primera ronda del torneo de Miami, donde logra su segunda victoria profesional a los 17 años (7-6 y 6-4 ante Hlavackova), Victoria Duval se refugia en el trabajo, la pista y en el rezo, con los que espanta el recuerdo de su padre con dos piernas rotas, cinco costillas astilladas y un pulmón perforado. Para empezar a hacerse un hueco en el circuito, otra estadounidense luchando por ser la heredera de las hermanas Williams, la chica nacida en Florida siempre tiene que volver a un sitio: Haití. La tierra de sus padres. Su residencia hasta los ocho años. El lugar en la que la retuvieron a punta de pistola unos ladrones cuando era una niña. El sitio en el que su padre casi murió engullido por el brutal terremoto de 2010. La isla desde la que llegó al tenis.
“Todo eso ha ayudado a mi juego”, explica ahora a los periodistas. “Hemos superado todas esas circunstancias, lo que me ha dado el convencimiento de que superaré cualquier cosa. En la pista, básicamente, me muevo basándome en esa idea”, añade. “Mi padre va mejor ahora, esperamos que emocional y físicamente se recupere totalmente con el tiempo. Está un poco roto mentalmente, pero rezamos cada día por él”, recordaba en 2011.
Para el padre de Duval fue una experiencia traumática. Esto es lo que ocurre: el señor Duval, pese a todos los huesos rotos, consigue arrastrase fuera del desastre en el que se ha convertido su casa. Coge el móvil y pide ayuda. Llega un amigo doctor. Sin anestesia, le clava un tubo en el pecho para que respire mejor. Pasan los días, los hospitales están atestados, y llega la infección. El tenis salva al padre de la jugadora. Se moviliza su entrenador, que está en Australia acompañando a Melanie Oudin, por entonces gran promesa del tenis estadounidense. Dos miembros del club inician las gestiones para salvarle. No hay forma de entrar en el Haití de después del terremoto, pero su tarjeta de crédito obra el milagro: pagan 18.000 dólares, se suben a un avión y consiguen el rescate. De vuelta en Estados Unidos, ahora la carrera de la tenista es el centro de todo.
“Intento aprender de Venus”, cuenta en una rueda de prensa la tenista, la número 376 hasta esta semana, alta, pegadora, por hacer todavía, siempre viendo los vídeos de la campeonísima de Wimbledon. Duval es una más de las niñas negras llegadas al tenis al reclamo del efecto de las hermanas Williams. Las dos exnúmero uno alcanzaron éxitos nunca vistos en su deporte. Tras sus pasos se iniciaron las tenistas que ahora buscan ocupar su hueco: Sloane Stephens, que es la número 16 del mundo; Madison Keys, que es la 76; Sacha Vickery, la 332, íntima de la familia del baloncestista LeBron James; o Asia Muhammed, la 428. Duval sigue en todo los pasos de sus heroínas. También en el contexto de violencia. Las Williams, confirmó Serena en una entrevista con este diario, empezaron a entrenarse entre los silbidos de balas que recorrían su barrio. Ella, después de que un ladrón la apuntara con una pistola, la retuviera y amenazara con secuestrarla. Ahora compite en Miami, donde David Ferrer debutará la madrugada del viernes y Garbiñe Muguruza ya está en tercera ronda.

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