sábado, 26 de octubre de 2013

VUELVE BODE MILLER


EFE

El estadounidense Bode Miller, que reaparecerá en la alta competición veinte meses después, con miras a una quinta comparecencia olímpica -en los Juegos de Sochi (Rusia)- será la gran atracción este fin de semana en el glaciar austriaco de Soelden, donde arrancará la Copa del Mundo de esquí alpino.
Miller, que el pasado 12 de octubre cumplió 36 años, había competido por última vez el 18 de febrero de 2012 en una prueba de la Copa del Mundo, que ganó en dos ocasiones -las temporadas 2004-05 y 2007-08- y en la que ha logrado un total de 33 victorias, en todas y cada una de las disciplinas.
Ese día, el astro de New Hampshire, campeón olímpico -de supercombinada, en los Juegos de Vancouver'10 (Canadá)- y cuádruple campeón del mundo -de combinada y gigante, en St.Moritz'03 (Suiza); y de descenso y supergigante en Bormio'05 (Italia)-; y que entre Juegos y Mundiales cuenta diez medallas; compitió en el gigante de Bansko (Bulgaria), que ganó el austriaco Marcel Hirscher, que a partir del domingo buscará su tercer triunfo consecutivo en la competición de la regularidad.
En la estación búlgara, Miller, con problemas en la rodilla izquierda, no se clasificó para la segunda manga, después de perder el balance en la parte baja del recorrido e invertir 16 segundos más que Hirscher en la primera bajada.
Fue en ese momento cuando la leyenda viva del esquí alpino -que logró su primer triunfo en Copa del Mundo en diciembre de 2001 (gigante de Val d'Isere, Francia) y el trigésimo tercero exactamente diez años después (en el descenso de Beaver Creek)- decidió que era el momento de parar.
Muchos pensaron que ésa podría ser su retirada definitiva. Pero se equivocaron. Miller -que ganó su segunda Copa del Mundo compitiendo al margen del equipo USA, alojándose en una caravana, en vez de hacerlo en hoteles- no es sólo un gran campeón, si no una personalidad excepcional, que rompe moldes.
Desde entonces, Bode -siempre espectacular, dentro y fuera de las pistas- ha tenido tiempo para operarse de la rodilla, adelgazar doce kilos y casarse (en octubre de 2012) en un barco con una modelo y jugadora de voley playa, Morgan Beck -compromiso que anunció vía 'twitter'-; poco antes de que otra mujer, Sara McKenna, diera a luz a Bode Miller júnior, el primer hermano de Dacey (de cinco años, fruto de una relación anterior, con Chanel Johnson).
Casi al mismo tiempo que la flamante esposa anunciaba, a principios de este año, que había sufrido un aborto.
Según la madre -que difundió detallada información del embarazo, con anuncio de nacimiento y ecografías incluidas, en las redes sociales-, un hijo inicialmente no reconocido por el esquiador, quien ahora, por contra, se encuentra inmerso en disputas legales por su custodia (al mismo tiempo que aún mantiene litigios con la otra madre, la de su hija).
Todo ello, un tanto complicada de entender por el común de los mortales, con los que Miller, alejado de convencionalismos, tiene poco que ver.
De padres 'hippies', Bode creció en los bosques de New Hampshire en una vivienda sin luz, ni electricidad, antes de que su enorme talento natural le situase en el mundo del deporte y en concreto en el del esquí. En el que desde el principio destacó, tanto por su desmesurada calidad como por su excéntrica manera de ser.
Entre sus numerosas anécdotas se cuentan las de admitir que en alguna ocasión compitió bajo los efectos del alcohol, así como la declaración de que defendía el uso del dopaje en el deporte de alta competición.
Pero quizás las más sonadas de todas ellas son las que protagonizó en los Juegos de Turín (Italia), en 2006. Cuatro años después de haber ganado dos platas en los de Salt Lake City (Utah), en su país, Bode, que partía como teórico favorito a medalla en todas las disciplinas, salió del Piamonte sin trofeo alguno, después de convertirse en el rey de la movida nocturna en Sestriere, sede de las pruebas olímpicas de esquí alpino.
Mejor no ganarlas, porque así no tendría que perder el tiempo en ir a recogerlas a Turín -a casi hora y media, por carretera-, se justificaba el estadounidense americano por aquel entonces.
No pasaba nada. Haciendo honor al título de su biografía, "Sé rápido, sé bueno y diviértete" ("Go Fast, Be Good, Have Fun", en inglés) lo arregló todo cuatro años después en los Juegos de Vancouver (Canadá), donde se colgó al pecho una medalla de cada metal.
Y ahora vuelve con miras elevadas. Hoy explicó en Soelden que apunta a la general de la Copa del Mundo y a los Juegos de Sochi. "Sé que serán los últimos. Siempre quise acabar mi carrera al más alto nivel y sé que lo puedo hacer. Lo principal es la motivación. Y esa la tengo a tope, de nuevo"; advirtió el súper-campeón estadounidense en el glaciar tirolés, dándole motivos de fiesta al esquí alpino: el genio ha vuelto.

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