lunes, 17 de febrero de 2014

ALBERTO TOMBA: "ESQUIAR ERA COMO DOMAR UN CABALLO"


JUAN JOSÉ MATEO
El País.com

Alberto Tomba (1966, San Lazzaro di Savena, Italia) ganó tres oros y dos platas olímpicas, convirtiéndose en el gran dominador del Slalom y el Slalom Gigante en los Juegos Olímpicos de Invierno. Habla con pasión de su deporte. Unas frases pisan a otras mientras repasa una carrera que le convirtió en un icono de Italia, fuera y dentro de las pistas, casi como un futbolista. En un italiano de acento grueso, recuerda el mito sin dejar de vivir en el presente: es comentarista de la cadena televisiva SKY, embajador de la candidatura de Cortina d'Ampezzo para organizar los Mundiales de 2019 y colabora también con la Fundación Laureus.

Pregunta. ¿Cómo empezó todo?
Respuesta. Fue mi padre quien me llevó a la nieve, al frío, a 3.000 metros de altura, y me hizo amar este deporte sano y genuino. Nací en la ciudad, en Bolonia, y mi padre era amante del esquí. Por Navidad y Semana Santa íbamos siempre a Cortina d'Ampezzo. En verano, a Marmolada, en el glaciar. El esquí, quien lo conoce lo ama. A mí me hizo conocer sitios del mundo a los que nunca hubiera ido de no ser por él. Sitios estupendos, indescriptibles, inolvidables. A principios de los años 80, me cogieron en el equipo de esquí italiano, y empezaron las primeras carreras. Fue una sorpresa. Nadie se esperaba que con 20 años ganara dos medallas de oro en los Juegos de Calgary 1988. Fue un sueño hecho realidad. Trajo mucho amor, pero también la envidia de algunos.

P. Habla usted de envidia. Con esas medallas, la RAI interrumpió la transmisión del Festival de San Remo. Dicen que Tomba despertaba en Italia las pasiones que normalmente se reservan a un futbolista.

R. Sí, podría haber sido jugador de fútbol… aunque me gustaba más el deporte individual que en equipo. Si me equivoco, me equivoco solo. Y si gano, el mérito es mío. Yo soy de carácter ganador, así que si me equivoco, me entreno y me concentro para volver a la victoria. Y con el equipo es totalmente diferente. Hoy, cuando los niños me ven, me sorprenden, porque sus padres ya les han dicho quién soy: “Ese es el campeón”. Me pasa incluso con niños de 8 o 10 años. Una cosa que hice yo para que me amara el mundo, los fans, para que la gente me quisiera, era jugar, bromear, hacer ese algo más después de la victoria, o incluso cuando perdía. Tenía corazón y sentía realmente que podía volver a la victoria. Por eso yo divertía, enamoraba. Para algunos fue difícil, porque yo le quitaba atención al fútbol cuando ganaba. Se dieron cuenta de que primero venía Alberto Tomba, y luego el fútbol. Y eso me hace feliz, me emociona aún hoy.

P. ¿Cómo se distingue en un niño a un futuro campeón?
R. No es fácil. No es fácil ver eso. Recuerdo que yo tenía algo más. Siempre quería ser el primero, no solo en el esquí, también en otros deportes. A una cierta edad, los niños necesitan que los padres les acompañen, y que hagan sacrificios, como hizo mi padre. Coger el coche, hacer muchos kilómetros… Luego, tiene que ser el atleta, el joven, el que tenga la capacidad de entender si le gusta ese deporte. Si lo hace con amor, puede seguir adelante. Si no, mejor que se quede en la escuela a estudiar.

P. Su país nunca encontró un esquiador de su nivel. ¿Qué tiene que pasar para que nazca un nuevo Tomba?
R. En mis tiempos, la Italia del esquí era fuerte. No es fácil. Desde el año 2000 todo ha cambiado, creo que ya no es el mismo deporte de antes. Yo espero que haya un nuevo Tomba. Pero algunos dicen que los Tomba solo nacen una vez cada 50 años, así que todavía es pronto.

P. ¿Qué cambió?
R. Desde que me retiré, los materiales cambiaron mucho. Los esquís especialmente: son más cortos y curvados, lo que facilita que el corredor gestione las curvas. También requieren de mucho control, porque es fácil que cojan velocidad. Ahora hay menos accidentes graves, pero los competidores sufren grandes problemas de espalda. Me gustan estos esquís para esquiar libremente, porque puedes hacer grandes giros… pero cuando yo corría me encantaban los esquís largos y rectos que usábamos. Eran un reto. Como domar un caballo. Hoy esquiar es más fácil. Pero la técnica… solo hay tres esquiadores, Marcel Hirscher, Felix Neureuther y Aksel Lund Svindal que en estos momentos son bonitos de ver. El esquí ha cambiado. Desde el 2000 ha cambiado la técnica, y quizás el estilo no es tan bonito de ver.

P. El suyo es un deporte de riesgo, caídas y velocidad. ¿Cómo es estar en la línea de salida?
R. Es un momento de adrenalina y de concentración. Yo elegí el Gran Slalom, no hice la bajada o el Super G, por motivos físicos, porque si tú te haces daño en las disciplinas rápidas, arriesgas tu carrera. Y con el Gigante y el Slalom hay menos riesgo. Esa fue mi elección, no la de mi madre, que tenía miedo de la bajada. ¿Se acuerda? Ligamentos, cadera, rodillas, todo eso lo tengo bien, íntegro. Solo me rompí la clavícula en el año 89, yendo a 100 kilómetros por hora. Y ya está.

P. En Lillehammer 1994 terminó la primera manga del Slalom duodécimo y acabó ganando la plata tras una segunda vuelta espectacular y la caída de dos rivales. ¿Cómo definiría aquello?
R. Como irrepetible. Recuerdo que hacía un frío bestial, -30 grados. Algunos me celebraban a mí, con la medalla de plata, y no a Stangassinger, el oro. Una remontada que nunca había existido antes en el circuito blanco, en el circuito del esquí.

P. Siendo dos países parecidos, ¿por qué salen competidores en Italia y no en España?
R. Italia es un poco más fuerte porqué tiene más estaciones de esquí, más cerca de los jóvenes, y puede tener acceso a la nieve más fácilmente. Y quizás falte algún entrenador. Debería ir yo a los Pirineos y a Sierra Nevada. Allí hubo unos mundiales fantásticos. Recuerdo que yo bromeé cuando dije que íbamos a África a esquiar. Lo que decía era que España está cerca de Marruecos, y que el clima puede cambiar. Fue así. Y me malinterpretaron en Alemania. Granada es perfecta para que alguien vaya a echar una mano a los jóvenes.


P. ¿Qué recuerda de Francisco Fernández Ochoa, oro en 1972?
R. Paco… Francisco. Un amigo. Era muy simpático. Como yo. Le gustaba pasarlo bien. Recuerdo cuando Rafaella Carrá estaba en la televisión española, en Caramba qué sorpresa. A Paco le preguntaron que quién era el esquiador más grande de todos los tiempos. Él contestó que Alberto Tomba, y a los 5 o 10 segundos salí yo al escenario. Él no sabía que yo estaba. Una sorpresa. También recuerdo cuando hubo carreras en Japón, fuimos juntos tres o cuatro veces, y me hacía reír. Me veo un poco en él, cuando estaba Paco, porqué Italia y España se parecen.

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