lunes, 13 de abril de 2015

NADAL: "DEBO ESTAR TRANQUILO, MI CARRERA ESTÁ HECHA"

ENRIQUE YUNTA

Camino de los 29, Rafael Nadal habla y se comporta como un veterano. No se siente mayor y descarta hablar del final, pero insiste una y otra vez en ensalzar su maravillosa carrera. Son diez años en la cima, catorce Grand Slams en su mochila y un sinfín de hazañas jamás escritas antes en el tenis español, que sufre porque no encuentra un recambio y porque no habrá otro igual. Ahora, sin embargo, negocia la ansiedad que le generan las derrotas, cinco en este año irregular que le aleja de la zona noble en la que batallan Novak Djokovic, Roger Federer o Andy Murray. En estos momentos, Nadal es el quinto del mundo y se consuela con el regreso de la tierra batida, aunque también eso tiene su peligro por todo lo que ha de defender. En Montecarlo, preciosa postal, paraíso de lujo y tradición conquistado por el balear en ocho ocasiones, el tenista cita a ABC para analizar su momento y transmitir un mensaje de esperanza. Cuando él pierde, pierde España, desde siempre entregada a un ídolo sensible de carne y hueso, un héroe sensato que promete luchar como hasta ahora para volver a ser Nadal.

-¿Cómo está?
-Bien, contento de estar en Montecarlo. Contento de estar en el circuito. En general, las cosas están yendo bien porque físicamente no tengo problemas, estoy respondiendo bien. Eso, cuando uno lleva tiempo sin competir, es una buena noticia. Es lo más importante. Después, soy consciente de que necesito mejorar mi tenis, pero tengo la confianza de que iré a más.

-¿Y qué le pasa?
-Bien... Es un inicio de temporada en el que he perdido algunos partidos que no debería. He jugado peor de lo que lo he hecho otros años. Y no me pasa nada, sólo que he jugado peor, es lo único que ocurre. Es el deporte, es simple. No hay que complicarse. He perdido dos partidos que me hubieran ayudado a estar mejor: el de principio de año contra Berrer en Doha con set arriba y el de Fognini en Río de Janeiro con set arriba y dos veces break. He echado de menos esas victorias que te dan la continuidad necesaria. Hice buen torneo en Indian Wells y perdí con tres bolas de partido contra Raonic. Y en Miami jugué mal, contra Verdasco lo hice muy mal. Ahora llega la temporada de tierra, a la que llego más retrasado de lo habitual y de ahí que los cruces sean más complicados. Es parte de lo que toca cuando uno ha estado seis meses sin competir y con cero puntos en el ordenador. O cuando vuelves lo ganas todo desde el comienzo o te vas atrás en el ranking. Y tengo buenas opciones de seguir bajando... Así que nada, estoy aceptando las situaciones, aceptando todo y espero que el trabajo me dé resultados lo más pronto posible porque creo que lo estoy haciendo bien.

-Usted que siempre ha sido muy fuerte mentalmente sorprendió en Miami con un arrebato de sinceridad al decir que jugaba con ansiedad, que estaba nervioso.
-Es que la tuve, sí. La tuve en Miami y la he tenido desde que he vuelto. Estoy más nervioso de lo habitual. Son situaciones que se repiten. Tuve el problema en 2012 e incluso en 2013 me dolía mucho la rodilla pese a la temporada fantástica que hice. Y en 2014 parecía que todo iba bien, jugando a buen nivel y me pasa lo de la final de Australia -problema en la espalda-, lo de la muñeca cuando había cambiado la dinámica con el título en Roland Garros y un buen Wimbledon y luego lo de la apendicitis. Es un cúmulo de circunstancias que a uno le van pesando y cuando vuelves quieres hacerlo bien. Esos factores generan ansiedad, nervios, dudas... Es lógico, son muchos años en donde las cosas han salido muy bien y a veces sin tener la preparación suficiente como para que salieran tan bien. Como en 2013, que volví muy mal de la rodilla, estaba cojo en Chile y salió todo perfecto.

-¿Se lo genera usted o es el entorno?
-Es una autoexigencia continua que uno se va creando y también la gente de alrededor y al final te lleva a tener nervios. Y no hay más que relajarse, que jugar a tenis y que entender que esto es un juego. He de estar lo más tranquilo posible porque mi carrera ya está hecha, todo lo que venga es a ganar. En un momento u otro me voy a tranquilizar porque sé que estoy jugando bien, las cosas van a empezar a salir mejor.
-¿Cómo se notan los nervios?
-Se notan cuando no eres capaz de golpear la bola como quieres. Suelto la bola demasiado rápido, no consigo retener la pelota y lanzarla. Es difícil de explicar y más que la gente que lea esto lo pueda entender. Pero lo que tengo que organizar es el tiempo de la bola, el tiempo del juego en general. Con nervios, todo pasa mucho más deprisa. Cuando lo ves con la perspectiva correcta, el tenis es otra cosa.

-¿Le dura mucho el enfado en la derrota?
-No, nada. El enfado, la rabieta, no lo tengo nunca, casi nunca. Cuando pierdo estoy más triste que enrabietado o enfadado. Esto es deporte y se gana y se pierde, hay que tenerlo claro. Y otra cosa más: llevo diez años seguidos estando en lo más alto y no voy a estar en las primeras posiciones toda mi vida. La gente tiene subidas y bajadas y yo he sido muy regular, pero llegará el día en el que voy a bajar y no volveré. No sé si será esta vez, espero que no.

-Suena un poco pesimista cuando usted es el primero que antes ha dicho que está bien y que suele tener otro discurso.
-Es que uno nunca sabe. Hay que estar alerta y preparado para lo que la vida y la carrera me depare. Uno no se puede dormir y no puedo pensar que las cosas van a ir de una determinada manera. He de estar preparado para aceptar lo que venga, sea lo que sea. Sé dónde estoy, pero tengo la fe y la confianza de que las cosas van a ir bien, irán a mejor.

-¿Volverá a ganar?
-No lo sé, no sé si volveré a ganar. Nunca he dicho frases de ese tipo, ni cuando las cosas van fantásticamente bien y tampoco ahora. Lo único que sé es que estoy haciendo lo que puedo y lo que sé para intentar recuperar los buenos momentos. Y siempre desde la tranquilidad y el agradecimiento por todo lo que me ha pasado, lo valoro mucho.

-En este bache, ¿ha dejado de creer en sí mismo en algún momento?
-Sí, momentáneamente dejas de creer. Pierdes la confianza y la fe, y el que diga lo contrario miente. A todos nos pasa. Cuando uno termina y reflexiona las cosas, recupera la fe, pero sin esa fe es imposible que las cosas vayan bien. Y en el momento la puedes perder.

-Ya dijo que no necesita psicólogo, ¿pero es usted de hablar y de darle vueltas a esos momentos?
-Tienes un equipo para apoyarte en él, pero siempre afronto los problemas y los miro a la cara. O los superas o te superan así de fácil. Y nadie los superará por ti. He de tener la fortaleza para saber eso y para superarlo.

-¿Se magnifican sus derrotas?
-No me lo planteo. No sé si magnifican, pero no me doy cuenta del murmullo porque no acostumbro a estar muy pendiente de lo que pasa alrededor de mis victorias o mis derrotas. Intento ser yo e intento estar con la gente que sabe lo que necesito, cómo soy, lo que soy... La gente que me conoce desde pequeño. Lo demás, es superficial. Yo me apoyo en mi gente y no me entero de lo que se dice. Y le soy sincero: después de la carrera que tengo, pase lo que pase, sea bueno o malo, puedo decir que es una carrera fantástica. Y no se imagina cuánto lo valoro. Lo valoro y me siento afortunado por ello. Lo que me preocupa es la motivación personal porque quiero estar allí arriba más tiempo, trabajo para ello.
-Habla mucho de su carrera. ¿Se plantea el tenis de otro modo?
-Es difícil. Yo tengo mi mentalidad y una manera de encarar las cosas que son difíciles de cambiar. Vivo el deporte con pasión y emoción y eso es muy difícil que lo pierda. Las emociones son para lo bueno y para lo malo. Tengo esta manera de vivir el deporte, me gustan los nervios tanto como jugador o como espectador. Mi pasión no cambiará nunca.

-¿Satura tanto tiempo ahí?
-¡No! Nada, no, no. Me siento con ganas de seguir, de vivir esta época que me viene, de superar esta situación que no ha sido la que me gustaría desde que he vuelto. Y trabajo para ello, con ilusión e intentando recuperar la tranquilidad.

-¿Fortalecen estos momentos?
-Si consigo volver y recuperar el máximo nivel, sí. Es lo que le he dicho, valoro todo lo que me ha pasado y también he tenido varias lesiones en mi carrera que me han quitado opciones de ganar más. Es una realidad, son números. Soy el que más torneos importantes se ha perdido, pero todos esos momentos me han hecho valorar y vivir con emoción e ilusión todas las cosas buenas que me han pasado. Cuando estás limitado y consigues superarte, la satisfacción personal es mayor. He vivido momentos complicados y tengo una visión mucho más real.

-Ahora llega la tierra batida, que es su parte preferida del año. ¿Es una liberación o más presión?
-No tengo demasiada idea, son torneos con todos los mejores jugadores del mundo y desde la primera ronda hay rivales complicados. Hay que estar preparado para que las cosas no vayan bien, pero también para agarrarse a esas sensaciones positivas si las cosas empiezan a ir mejor.

-Roland Garros está al final de esta gira. Por las circunstancias y por la posibilidad de ganar el décimo, ¿es más especial este año?
-Cada año es lo mismo. Cada año se busca un motivo para que sea más especial. Para mí, el único motivo es el acicate de ganar Roland Garros. Cuando conseguí el sexto y empaté con Borg no era más especial, ni cuando con el séptimo le superé o cuando con el octavo fui el primero en ganar tantos títulos en el mismo Grand Slam.



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