viernes, 5 de febrero de 2016

JAVIER FERNÁNDEZ: "HASTA YO ME PREGUNTÓ CÓMO NO ME MAREO"

LAURA MARTA
ABC.es

Es su trabajo, por mucho que brille en su cuello el cuarto oro de Europa, conquistado en Bratislava hace apenas unos días. Javier Fernández lo entiende así, como lo que tiene que hacer. También es su orgullo: ganar medallas para España. Pocas fiestas celebró después de que una puntuación de récord lo elevara a los altares del patinaje continental por cuarto año consecutivo. «No tenía ni hambre: entre la familia, los amigos y los aficionados ¡no me dieron tiempo de pensar en comer!». A pesar de que entró en una selecta lista de leyendas del patinaje, el madrileño prefiere saborear con discreción el gran momento que vive, disfrutarlo y llenarse de fuerzas para los siguientes retos.
Ahora, el Mundial. En Boston, a finales de marzo, defenderá corona: «Mi mayor meta es siempre superarme, sacar todo lo que me he entrenado y lo mejor que tengo», afirma para ABC. ¿Y para qué? «Para seguir haciendo historia para mi país y que se sientan orgullosos». En un deporte en el que la subjetividad forma parte de la nota, la capacidad de Fernández de renovarse lo llevó a lo más alto el año pasado en Shanghái. Como lo hizo hace unos días en Bratislava al son de Frank Sinatra. «Con la creatividad de mi coreógrafo David Wilson y con mis entrenadores Brain Orser y Tracy Wilson damos sentido a cada elemento, con la música y la vestimenta. En el Europeo pensamos que si hacíamos algún pequeño cambio en el programa conseguiríamos una puntuación mayor, y así fue».
Más de 300 puntos en la nota, pero eso ya es ayer. Sin tiempo para digerir su cuarto oro, Fernández se trasladó a Zúrich para protagonizar varias exhibiciones. Una forma de conseguir recursos y de acercarse a sus miles de seguidores. Baños de multitud que está lejos de vivir en España por el momento, aunque se le vayan reconociendo los méritos, al menos en número y categoría de felicitaciones: deportistas, políticos... Aquí todavía no le llegan demasiadas oportunidades de publicidad, aunque se puso la camiseta del Español para un anuncio. «Pero soy del Real Madrid», subraya. Sin embargo, sigue pensando en un futuro como maestro en su tierra. Dar oportunidades que él no disfrutó en casa, sino en Canadá, donde reside y se entrena desde los 17 años.
Y donde vuelve esta semana, para ultimar el Mundial junto con su compañero y rival Yuzuru Hanyu. «Aunque no hablamos mucho, cada uno se centra en su trabajo». Para hacer fácil lo difícil, que apenas se note lo que cuestan los giros, los movimientos sincronizados con la música, expresarse sobre el filo y con el cuerpo. Cumplir con las exigencias de la Federación y salir sonriente. Sin marearse. «Hasta yo me pregunto cómo no me mareo. Supongo que después de tantas veces uno se acostumbra y sale natural», bromea.
Se pone serio en los saltos, ese límite físico que todavía no se ha superado: el cuádruple. No solo uno, sino varios. ¿Se ha sentido alguna vez sin fuerzas justo en el momento del salto? Fernández es rotundo: «Nunca». «Nos entrenamos para llegar al límite en cada momento y aún así saber gestionar el esfuerzo físico, mental y emocional. Otra cosa es que salga, pero siempre lo haces con la intención de clavarlo». Como si nada. Es parte de su trabajo. Uno que borda en la pista hasta el oro: cuatro de Europa, uno Mundial, y hasta donde quieran sus patines.

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