martes, 1 de marzo de 2016

LINDSEY VONN: "GANAR ME DA LA FELICIDAD"

JAVIER SÁNCHEZ
El Mundo.es

Su sufrimiento se comprime entre esos armatostes que protegen sus rodillas de la fragilidad causada por una vida de trompazos, pero Lindsey Vonn (Saint Paul, Estados Unidos, 1984) sonríe: aparece y sonríe, posa y sonríe, se sienta y sonríe, responde y, más que nunca, sonríe. «Estoy en un buen momento. Pese a los percances disfruto de mi carrera, compito sin miedo y eso me hace muy, muy feliz», responde a EL MUNDO desde la estación de esquí andorrana de Grandvalira, donde el pasado fin de semana, pese a sufrir su enésima caída, amplió su liderato en la Copa del Mundo. La esquiadora más laureada de la historia en la competición, campeona olímpica en Vancouver 2010, doble campeona del mundo en Val d'Isere 2009, se acerca a su quinto Globo de Cristal absoluto mientras destroza todos los récords existentes.

El pasado domingo cayó y compitió lesionada, el mes pasado cayó y rompió sus esquís con rabia. Parece que tiene más hambre ahora que a los 20 años.
Quizá tengas razón, no lo sé, son sensaciones diferentes. Siempre me ha gustado trabajar duro, la adrenalina de la competición, de conseguir objetivos, aunque ahora lo valoro todo más, soy más consciente, estoy mucho más tranquila.

Con su palmarés, ya puede vivir sin presión, ya.
No, no. Presión hay siempre, aunque me he acostumbrado a ello. Cuando me lesioné dos veces de gravedad todos los medios afirmaban que no volvería a esquiar y, cuando pude volver, todos los medios afirmaban que lo ganaría todo.

Y casi lo ha hecho. Pese a la decepción del Mundial del año pasado (logró un bronce), este curso domina de nuevo la Copa del Mundo y sigue ampliando sus registros. ¿Piensa en superar los seis Globos absolutos de Annemarie Moser-Pröll o las 86 victorias de Ingemar Stenmark?
Lo pienso, aunque me centro en cada prueba. Lo que me da la felicidad de verdad es cruzar la meta y saber que lo he logrado, que he ganado. Sólo luego, sentada ya en el sofá, pienso si voy a hacer historia.

Si no es por sus números, ¿por qué le gustaría ser recordada en 50 años?
Por mi trabajo duro. Los números, al fin y al cabo, son sólo fruto de eso. No sé si merezco ser recordada como una gran esquiadora, pero espero ser recordada, al menos, como una buena esquiadora que lo dio todo para llegar a lo más alto.

Se rompió la rodilla derecha en febrero de 2013 y recayó en diciembre del mismo año perdiéndose los Juegos Olímpicos de Sochi. ¿Cómo cambió aquello su esquí?
Antes, fuera cual fuera la pista, mi clasificación o la meteorología, daba el 110%, arriesgaba siempre. Ahora intento mantener un equilibrio, controlo. Me siento afortunada por haber podido retomar mi carrera, muchos otros no pudieron tras lesiones como las mías.

¿Ya no le duele esa rodilla?
Duele, claro. No conozco a nadie que haya salido de una lesión tan grave, más si ha recaído, y no siga tocándose de vez en cuanto la zona, doliéndose, pero...

Unos años antes de aquellos accidentes, en 2008, también admitió sufrir depresión («me siento desesperada, vacía, como un zombie», dijo en una entrevista en la revista People). ¿Considera totalmente superado ese problema?
Estoy bien, aunque es duro estar tanto tiempo lejos de casa. En aquella época aprendí a creer en mis opciones, a tener confianza, aprendí a estar orgullosa de mí misma. No sólo en la pista, también fuera.

Mucha confianza debe tener en sí misma para posar como lo hace en el último número de Sports Illustrated: desnuda, sólo con un traje de baño pintado sobre su cuerpo.
Fue complicado, me cuesta, no creas. Cuando me lo propusieron casi me marcho, pero como lo hicieron mis compañeras [la tenista Caroline Wozniacki y la luchadora Ronda Rousey], tiré para adelante. Al final, aumentó mi confianza, mi autoestima. Y creo que es positivo que haya modelos fuertes, como yo, no sólo delgadas.

Ya había aparecido en la colección de verano de la revista en 2010 y ha hecho muchos otros trabajos como modelo. ¿Lo hace por gusto o son gajes de la fama?
Un poco de todo. Hay gente que no lo cree, pero esas cosas me cuestan mucho. Al final, me tomo las propuestas como un cumplido y las considero parte de mi trabajo. Intento que se conviertan en algo positivo y que me acerquen un poco a mis fans. Como viajo tanto, siempre corriendo, no puedo llegar a todos, a cada firma, a cada foto, pero lo intento, sobre todo con los niños.

Escribo Lindsey Vonn en Google y me autocompleta «novia de Tiger Woods» [aunque se separaron el año pasado] ¿Siente que sus relaciones personales son más valoradas que su carrera profesional?
Aquí en Europa, creo que no, pero en Estados Unidos, sí. En mi país soy más valorada por mi vida privada, pero estoy intentando que eso cambie, que se reconozcan mis méritos, lo que he conseguido en el mundo del esquí, que es lo que realmente importa.

Para lograrlo: ¿Cuántos años le quedan en las pistas?
Pues, si todo va bien, éste que ya acaba [el 20 de marzo en la estación de Saint Moritz, en Suiza] y dos más, hasta los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018. Entonces valoraré cómo está mi cuerpo, cómo están mis rodillas y cuántas ganas me quedan.

¿Y después?
No lo sé, quizá continúe relacionada con el esquí, como entrenadora, o quizá me dedique a otras cosas, a mi Fundación, por ejemplo

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