jueves, 14 de diciembre de 2017

70 AÑOS DEL SANTIAGO BERNABÉU. MIS VISITAS AL COLISEO BLANCO

(En la foto, junto a mis amigos Francisco y José Antonio Piédrola en el descanso del Real Madrid 5; Barcelona 0 de 1995).

JOSÉ MANUEL MORENO

Hoy cumple 70 años el Estadio Santiago Bernabéu. El Templo del fútbol español, europeo y mundial. El escenario del mejor club deportivo del mundo.
La primera vez que lo visité fue, con 19 años, en noviembre del año 1980. Era mi primera visita a la capital de España y mientras mis acompañantes se fueron a ver monumentos, yo me fui al lugar de mis sueños. Real Madrid-Hércules, con 3-0 para los blancos, con dos goles de nuestro paisano Paco Pineda y uno de Santillana. Lo que más me impactó fue comprobar in situ las iras de los seguidores merengues hacia sus propios futbolistas, en especial Juanito (aunque pasado el tiempo se convirtiera en mito), Vicente Del Bosque e Isidro, al que muchos consideraban un "enchufado" del entonces técnico, Vujadin Boskov.
Pasaron 5 años para mi nueva visita a Chamartín. Esta vez en mayo de 1985. Partido de vuelta de la final de la Copa de la UEFA. Final decidida por el 0-3 de la ida, con lleno total y la presencia del entonces presidente del Gobierno Felipe González. Partido rarísimo con un penalti fallado al inicio por Valdano, dos goles anulados y derrota final en los últimos minutos 0-1. Sensación agridulce que se compensó por ver el paseo triunfal de los jugadores con la Copa en sus manos. La imagen de Juanito con una gorra del Real Madrid, inolvidable.
Mi siguiente visita fue a un Castilla-Málaga de Segunda División, en diciembre de 1986, que se jugó el día anterior a un derbi madrileño al que asistimos mis amigos y yo. En el Málaga el capitán era Antonio Hierro y el partido terminó con 0-0. Caminero, que posteriormente triunfaría de rojiblanco, era el número 7 castillista.
La siguiente vez fue el 2 de enero de 1988. Mi primer Clásico. Dominio apabullante del Real Madrid pero victoria apurada 2-1, los dos goles de Hugo Sánchez. Schuster marcó para los azulgrana mediante un penalti inventado por Urío Velázquez. Eran los tiempos de la eclosión de la Quinta del Buitre. Aquella temporada el conjunto madridista era el mejor de Europa aunque el PSV se interpusiera en su camino a la Séptima.
En enero de 1990, en los prolegómenos de un Madrid-Atleti, contemplé la entrega a Alfredo Di Stéfano del Súper Balón de Oro como mejor futbolista europeo de todos los tiempos. El partido del Madrid fue espectacular con un Martín Vázquez desatado haciendo dos goles. El tercero fue de Bernardo Schuster y el entrenador rojiblanco era Javi Clemente.
Al día siguiente don Pedro Escartín escribió en el diario Marca que los primeros veinte minutos del Madrid le habían recordado al Brasil del 70.
Tuve que esperar 5 años en volver al Santiago Bernabéu, pero fue un regreso sonado. 5-0 al Barcelona en una vendetta del 5-0 del año anterior en el Camp Nou. Recital de Michael Laudrup, otro que tomó el Puente Aéreo en dirección Chamartín y un Iván Zamorano en modo on fire. Por cierto, cómo celebró Luis Enrique su gol. Para que diga ahora que siempre fue barcelonista. Aquella noche del 7 de enero de 1995 fue una de las noches en que más gocé en un recinto deportivo en toda mi vida. Inolvidable.
Cuatro meses más tarde, en mayo de 1995, ví por primera vez en directo proclamarse campeón de Liga a mi Real Madrid, tras vencer 2-1 con goles de Amavisca y Zamorano al Súper Dépor de Arsenio Iglesias. Las meigas de las dos Ligas perdidas o robadas de Tenerife, estaban al fin superadas.
Al año siguiente, en marzo de 1996, asistí a un encuentro de ida de Champions entre Madrid y Juventus. 1-0 con gol de un jovencísimo Raúl que a la postre fue insuficiente ante el 2-0 adverso de Turín.
Y por fin, mi última visita al estadio del Paseo de La Castellana fue junto a mi esposa en diciembre de 2010 con un 2-0 (ambos de Cristiano Ronaldo) ante el Valencia de Unai Emery.
Durante estos 30 años (1980-2010) he visto al Santiago Bernabéu crecer, modernizarse y convertirse en uno de los mejores estadios del planeta. Quieran Dios y mi economía que no pasen muchos años más para volver a experimentar la sensación de volver a estar en el escenario del equipo de mis sueños desde que era un chaval.

martes, 12 de diciembre de 2017

EL PRIMER DISGUSTO FUTBOLÍSTICO DE MI VIDA

JOSÉ MANUEL MORENO

Mi primer recuerdo futbolístico es ver a Paco Gento, el de las 6 Copas de Europa, enredado en la portería del Santiago Bernabéu, tras marcarle un golazo al Barcelona. Corría el mes de septiembre de 1969 y ese Clásico, entonces llamado Derbi, acabó en empate a tres. Fue el partido de la lesión de De Felipe a Bustillo, de los dos goles de Fleitas y del empate final de Carlos Rexach. Un año más tarde, en octubre de 1970, mi padre, de regalo por mi noveno cumpleaños, me llevó a La Rosaleda a ver mi primer partido en directo de nuestro Real Madrid. Bueno, lo de ver…más bien oír, respirar, sentir…porque un niño de mi edad en la grada de Preferencia de aquel entonces, con todo el mundo de pie, era poco menos que misión imposible. Miguel Muñoz no alineó aquella tarde a Gento, que empezó a saborear, tras 18 temporadas de titular, la suplencia en favor de Manolín Bueno, el eterno suplente de la “Galerna del Cantábrico”. Amancio puso el 0-1 y el propio Bueno el 0-2 para alegría de mi padre y mía. Esa misma temporada, la 1970-71, fue la primera en que el Madrid no jugó la Copa de Europa, “su” Copa, jugando por tanto la Recopa, como campeón de la Copa del Generalísimo de la temporada anterior, en el mismísimo Nou Camp (entonces se decía así) frente al Valencia.
Pues bien, el equipo entrenado por Miguel Muñoz se plantó en la final de la Recopa, a celebrar en Atenas. El rival, el equipo inglés del Chelsea. Por aquellos entonces, veía algunos partidos de fútbol y combates de boxeo en la casa de mis abuelos paternos, justo por encima de la tienda de comestibles de mi padre. En aquel “Askar” de mi abuelo (obviamente en blanco y negro), que por cierto, le tocó en un sorteo de la Caja de Ahorros de Málaga, ya había visto un campeonato del mundo de José Legrá, y aquella noche del 19 de mayo de 1971 me disponía a ver a mi equipo del alma ganar por primera vez un título internacional, puesto que la Copa de Europa de los “yé-yé” en 1966, yo tenía 4 añitos y no recuerdo, para mi desgracia, absolutamente nada.
Bien, me encontraba solo, no recuerdo ni a mi abuelo a mi lado durante el transcurso del partido, me puse a verlo. Al descanso, 0-0. En el minuto 56, un futbolista de cuyo nombre no quisiera acordarme, Peter Osgood, hacía el 0-1. A partir de ahí solo recuerdo al Madrid volcado sobre la portería del Chelsea, y de marrar un montón de oportunidades de gol. Hasta que llegó el minuto 90, y Zoco, el precursor de Sergio Ramos de la época, hacía de forma milagrosa el 1-1. Alegría, saltos, y nunca olvidaré la mirada al Cielo del jugador navarro tras marcar el gol. 
A por la prórroga. Treinta minutos de intenso dominio de los blancos, pero entre el meta Bonetti y la mala fortuna, todo quedó en empate. ¿Penaltis? No los había en aquella época, y hubo que ir al partido de desempate, en el mismo estadio de Karaiskakis dos días más tarde. En el segundo partido fueron mejores los ingleses, hay que reconocerlo, se pusieron 2-0 al descanso y aunque Fleitas acortó diferencias, la Recopa se marchó para Londres. No sé si lloré, pero el disgusto fue de padre y muy señor mío. El primer disgusto futbolístico de mi vida. Y el primer disgusto, como el primer amor, nunca se olvida.

viernes, 1 de diciembre de 2017

GARETH BALE Y LA MALA SUERTE


JOSÉ MANUEL MORENO

Ahora que el galés Gareth Bale se ha resentido por vigésimo quinta vez o así del soleo, y que no sabemos si en el resto de su carrera podrá jugar 8 o 10 partidos seguidos, me acuerdo de muchos casos de jugadores con toda la mala suerte del mundo y que no pudieron triunfar en el Real Madrid.
El primer nombre que se me viene a la mente es el de Francisco Ballester, lateral derecho internacional que fichó proveniente del exitoso Elche de los 60 y 70 y que no llegó ni siquiera a debutar en el equipo blanco, por sus continuas lesiones y enfermedades. Desgracia que se consumó, aún en la flor de la vida de sus 30 años, falleciendo víctima del maldito cáncer.
Antes que Ballester, mi padre siempre me hablaba que el navarro Félix Ruiz no llegó a triunfar plenamente en su carrera futbolística por sus continuas lesiones. Llegó a formar con los Di Stéfano, Puskas y Gento, militando hasta ocho temporadas en el club de Chamartín, pero se tuvo que retirar, hastiado de las lesiones, en 1969, cuando apenas contaba con 29 años.

Otro caso, este más sonado por lo que costó ficharle del Anderlecht, fue el de Juan Lozano, quien firmó en 1983 por el club blanco, con la vitola de ser uno de los mejores centrocampistas de Europa.
Costó 200 millones de la época, y participó por ejemplo, en el 6-1 a su exequipo en la recordada eliminatoria de la Copa de la UEFA. Lo lesionó, involuntariamente por supuesto, el fino extremo rojiblanco Juan José Rubio en el derbi en casa de la temporada 1983-84. Fractura de peroné y cuatro meses varado. Reaparece en el Helmántico, feudo de la histórica U. D. Salamanca y se vuelve a romper el mismo hueso. Total, que en dos temporadas, apenas sumó 24 partidos de titular y en 1985 se volvió a su Anderlecht, donde siguió su excelente carrera deportiva.
Paco Bonet también fichó procedente del Elche, como Ballester, y en apenas una temporada se erigió en uno de los mejores defensas centrales del fútbol español, hasta que una alevosa entrada del barcelonista Migueli en la final de la Copa del Rey de 1983 le dejó la pierna hecha unos zorros.
Apenas 20 partidos más jugaría en las siguientes tres temporadas, terminando por probarse en el Castilla, hasta que se marchó al Mallorca, donde si bien es cierto que disputó más de 50 partidos en 2 temporadas, no fue óbice para que se retirara con solo 29 años.
En 1991, mis amigos culés me felicitaban tras haber fichado el entonces presidente madridista Ramón Mendoza al que decían que iba a ser uno de los mejores jugadores del mundo, el yugoslavo nacido en Alemania, Robert Prosinecki.

Ríos de tinta corrieron en la prensa nacional e internacional cuando se consumó su fichaje, no en balde llegaba a la capital de España como flamante campeón de Europa con el Estrella Roja de Belgrado. Es el caso más parecido a Gareth Bale. Continuas lesiones musculares, hasta el punto que solo jugó 3 partidos en su primera temporada. Un magnífico gol de falta al Barça en el Bernabéu, de lo poco destacable en sus tres campañas de blanco. Terminaría tomando el "puente aéreo" hasta Barcelona, jugando aún menos, 19 partidos, en su periplo de azulgrana.
El propio Uli Stielike, que parecía de hierro, se tiró la primera temporada más tiempo en la grada que en el césped, hasta que los médicos averiguaron que sus  continuas lesiones musculares tenían su origen en una malformación en la espalda.
O Laurie Cunningham, el inglés que costó 125 millones de los de 1979, al que un pisotón del bético Bizcocho hizo que su carrera, que acabaría en el Rayo Vallecano, no llegara a ser ni la sombra de lo que se presuponía del jugadorazo que llegó a arrancar continuas salvas de aplausos en el mismísimo Camp Nou, en el Clásico de la temporada 1979-80. Falleció en un accidente de tráfico en el verano de 1989, cuando tan solo tenía 33 años.
Jonathan Woodgate fue un caso palmario de la maldición del puesto de defensa central en la Casa Blanca. Únicamente 9 partidos disputó en sus 3 temporadas de blanco, entre 2004 y 2007.
En fin, casos como el de Bale ha habido en el Real Madrid y fuera, a montones a lo largo y ancho de la historia del fútbol. Le deseo al "Expreso de Gales" que los médicos y él mismo den con la tecla y pueda seguir jugando durante muchas temporadas más. Eso sí, aunque Bale se retirara hoy mismo, lo haría como tricampeón de la Champions. Casi nada.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA SONRISA DE ZIDANE


JOSÉ MANUEL MORENO

La temporada pasada, por estas fechas, el Madrid de Zidane sacaba los partidos adelante, era líder, pero de juego, poca cosa, la verdad. Pero a raíz de la derrota in extremis en el Clásico del 23 de abril y de la rotura definitiva de la hasta entonces intocable BBC, el equipo empezó a funcionar como un reloj y "atropelló" al Atlético de Madrid en semifinales y a la mismísima Juventus en la gran final de la Champions. En la Liga, se ganaron todos los partidos hasta el final, con solvencia y comodidad. Esa final de Cardiff, ese 4-1 a la mejor defensa de Europa y, sobre todo, esa segunda parte, ya han pasado a la historia del fútbol. Difícil, por no decir imposible, jugar mejor en una finalísima, donde el conservadurismo y los nervios suelen presidir los acontecimientos.
Llegó el verano y se marchó Álvaro Morata (y sus 20 goles) buscando una titularidad de la que en Madrid no iba a gozar jamás con el muro de Benzema, salió incomprensiblemente Pepe, cuando el club le ofreció renovar por un año, y salió James, en una cesión a un rival directo como es el Bayern Múnich. Y no vino Mbappé, el nuevo Ronaldo Nazario, aunque el Marca lo dio por hecho por 180 millones. Y se quedó Bale, el hombre a una lesión pegado, como decía Quevedo de la nariz de su archirrival Góngora.
Pero llegaron las Supercopas. Y, madre mía, qué manera de jugar al fútbol. Menuda presión alta. Juego solidario, a la par que efectivo. Pasamos por encima de Mánchester United y de Barcelona, este último en plena depresión tras la marcha de Neymar. Parecíamos abocados a una Liga fácil y cómoda para el Madrid, de esas que se ganan en Navidad. Pero llegó el Valencia a Chamartín y nos entraron las dudas. Y hasta el Levante se llevó tajada de nuestro templo. Y se perdió de forma incomprensible ante el Betis, en un partido que en condiciones normales era de 4-0. Y llegó Gerona, con Puigdemont tomando cañas tras su DUI fallida, y se jugó andando, en el partido más nefasto que le recuerdo a los blancos. Y llegó la catástrofe de Londres. Y los 10 puntos de diferencia con un Barça que no enamora, pero que defiende como casi nunca, con un Messi haciendo de él y del brasileño huido por 222 millones de razones. Y ahora nos encontramos un equipo B que no es ni la sombra del equipo B del año pasado. Con CR7 que no marca ni a tiros si no escucha la musiquilla de la Champions y un Benzema depresivo, pensando en un Mundial imposible.
Y ayer el Fuenlabrada no nos eliminó de milagro. Si no sale Bale, palmamos. Y la sonrisa de Zidane ya empieza a hacernos menos gracia. Y ese "hemos jugado bien en la segunda parte" nos parece políticamente correcto pero insoportable para la hinchada, por falso y embustero. El equipo es muy bueno, aunque el banquillo no sea el del año pasado. Se cometió un error histórico al no fichar al francesito, pero es lo que les pasa a los que se instalan en el éxito y desconocen que las renovaciones hay que hacerlas cuando se gana, no esperar a hacerlas cuando se pierde. ¿Creo aún en este Madrid? A la fuerza hay que creer en el equipo de Ramos, Modric, Isco y Cristiano Ronaldo. Pero hay que volver al espíritu de Cardiff, tiene que volver el equipo solidario, "fuenteovejuno" diría yo.
El Barça tiene lógicamente que empezar a conocer el sabor de la mala suerte, del desacierto, aunque 8 puntos parezcan muchos, hasta para un creyente irredento como un servidor. En fin, que la sonrisa de Zidane ya no nos hace tanta gracia, pero, en verdad, el que ríe el último, ríe mejor.

EL VAR, "DIOS" Y LA JUSTICIA


JOSÉ MANUEL MORENO

Como Messi dicen que es "dios" ahora a muchos le han entrado unas ganas irreprimibles de instalar el VAR en el fútbol español. La semana pasada, con el penalti grosero a Ramos, no. Con los 10 o 12 penaltis no pitados a favor del Real Madrid, no. Con los goles en fuera de juego de Getafe, Londres y Gerona, no. No, justo ahora que, repiquen las campanas, un error arbitral perjudica al equipo del Villarato y del Arminiatato, perdonen el palabro. El VAR tendría que estar hace tiempo en la supuesta mejor Liga del mundo, pero muchos solo se caen del caballo cuando el perjudicado es el club de ese pequeño país de ahí arriba a la derecha, Guardiola dixit. Es posible y hasta conveniente para este circo que es el fútbol, que con el VAR sigan las polémicas, pero al menos el fútbol será más justo y el juego, solo el juego, pondrá a cada uno en su sitio.

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿QUÉ PASA EN EL EQUIPO USA?


JOSÉ MANUEL MORENO.

¿Qué tienen que ver el esquí de fondo, el half pipe de snowboard y el patinaje de velocidad? Dos deportes de nieve y uno de hielo, únicamente que forman parte del programa de los Juegos Olímpicos de Invierno. ¿Qué tienen que ver Kikkan Randall, Shawn White y Shane Davis? Pues que son campeones olímpicos o mundiales, y que los tres son estadounidenses. Sí, es la clave, repito, que son estadounidenses. Y me explico: en Estados Unidos tenían la esperanza de que su representación, la más numerosa de los Juegos de Sochi, consiguieran encabezar el medallero de los Juegos, cosa que solo lograron en el ya lejanísimo 1932. Pues bien, después de lograr la primera medalla de oro en slopestyle el pasado sábado, por aquello de quien primero, da dos veces, desde el lunes están perdiendo todas sus grandes opciones de medalla, y de oro, por cierto. Primero fue Kilkkan Randall, la mejor del mundo en las pruebas de sprint estilo libre. No se clasificó ni para la final. Por cierto, en la final la única que se cayó fue su compatriota Sophie Candwell. Horas más tarde, y ante la expectación mundial, Shawn White tenía, con la mejor nota en la calificación, la oportunidad de ser el primer americano en ganar oro en tres Juegos consecutivos. Agua. Se quedó hasta fuera del podio, ante la incredulidad general.El "Tomate" hizo "Chof" titulaban hoy en "El Mundo". Pues bien, llegaba hoy uno de los abanderados del deporte de invierno de los Estados Unidos. El gran Shane Davis. El primer campeón negro en patinaje de velocidad. Campeón en 1.000 metros en Turín y en Vancouver. Llega la hora de la verdad ....y agua otra vez. ¡Octavo! ¿Qué está pasando en el equipo USA? Mala forma de tres tipos en tres especialidades tan distintas, puede ser, será, de hecho, pero es, cuanto menos, extraño. Será el agua de Sochi, el aire ruso, aquella antigua Guerra Fría... Mientras tanto, los alemanes, donde ponen el ojo, ponen el oro, y se están destacando. Y los canadienses, noruegos, con su profundad de banquillo, y hasta los suizos y holandeses, reyes del óvalo, se están marchando en el medallero. ¿Qué está pasando en el equipo USA? En Estados Unidos están preocupados, y tienen motivos. Y ojo, tienen tantas opciones que aún pueden remontar el vuelo, pero están desaprovechando demasiadas balas, y eso al final les pasará factura.

sábado, 1 de febrero de 2014

LUIS ARAGONÉS, EL MAGO A BALÓN PARADO

JOSÉ MANUEL MORENO

La primera vez que vi a Luis Aragonés fue el 5 de mayo de 1974, siendo socio infantil del C.D. Málaga. Último partido de Liga, y victoria del Atlético de Madrid 1-2 con gol de la victoria de Luis. Nunca lo olvidaré. Estaba dando las últimas boquedas a su carrera deportiva, era lento pero tenía una precisión en el disparo impresionante. Tirando faltas era el mejor, solo le aguantaba la comparación José María, interior izquierdo del R.C.D. Español. Dos semanas más tarde, tuvo su momento de gloria con aquella falta directa en la final de la Copa de Europa ante el Bayern de Münich, en la que levantó la mano cuando el balón aún no había entrado en la meta de Sepp Maier. Lástima de aquel gol en el último minuto de Schwarzenbeck que dio al traste con la victoria, ya que entonces había partidos de desempate 48 horas más tarde, y ahí la fuerza física de los alemanes se impuso 4-0. Cinco meses más tarde, don Vicente Calderón cesó al entrenador argentino Juan Carlos Loreno, y le dio la oportunidad a Luis, como se le llamaba entonces, que pasó en 24 horas de jugador a entrenador. Poco después ganó la Copa Intercontinental en la que participó el Atlético porque el Bayern como hicieron otros equipos europeos de la época, renunció a disputarla, por temor a la dureza aquellos entonces de los equipos argentinos, con el temible Estudiantes de la Plata a la cabeza. Luis salió de la cantera del Real Madrid, pero entró en un trueque típico de la época, fichó por el Real Oviedo, y luego hizo historia con el club colchonero. La historia reciente, todo el mundo la recuerda, clave en la consecución de la Eurocopa de 2008 y adalid de un nuevo estilo de juego para nuestra selección.
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